jueves, 22 de noviembre de 2012

Deslealtades laborales


            Amo el lugar donde trabajo, es un gran lugar para desenvolverse profesionalmente, sin embargo, es no quiere decir que sea perfecto, ya que hay algunas situaciones que no deberían pasar en una gran empresa y, tristemente, pasan. Voy a dividir este escrito en cuatro partes:

            Premiando al barbero e ineficiente

¿Por qué hacer de 5 a 8 (pm) lo que no hiciste de 8(am) a 5? Muchos creen que las “horas nalga” determinan su seguridad en la empresa y, lo triste del asunto es que muchos son jefes que tampoco tienen vida propia y te califican por el tiempo que estás en el trabajo, no por lo eficiente que seas. A veces las personas que más brillan son las que resuelven los problemas, porque son de las que los jefes conocen sus nombres. ¿Acaso no se ponen a pensar que esos que tanto resuelven problemas casi siempre son los mismos que los generan? En cambio a alguien eficiente y eficaz, que nunca da problemas, es más difícil que sobresalga, porque nadie sabe que existe, es como la electricidad, nadie valora su función o eficiencia hasta que se va el servicio.

Durante años mi jornada laboral constaba de 15 horas y, lo más triste de todo, es que era por gusto propio. La verdad no me estaba perdiendo de mucho ya que no tenía vida propia que afectar. Eso duró más o menos unos 8 años, con dos pausas anuales: una cuando tuve al amor de mi vida como novia y otra cuando me case (triste o felizmente) con otra mujer a la cual no amaba.

En ese período recibí algunas promociones y ya me estaba perfilando como candidato para convertirme en “esclavo gerencial”, hasta que un día un jefe me hizo una deslealtad y me hizo enfurecer como pocas veces, por lo que me hice una promesa de no volver a salir tarde por esta bola de cabrones, ¡y lo cumplí!

Me da pena admitir que cambie mis hábitos laborales por una venganza más que por amor propio, pero así son los hechos y no los puedo cambiar. ¿Qué tiene que ver esto con el barbero e ineficiente? Porque los primeros días que empecé a salir a mi hora me sentía culpable, y no era el único que juzgaba mal mi proceder: todos en la oficina me dedicaban miradas reprobatorias por irme aún con luz de día.

Ahí fue cuando mate mi potencial carrera en la empresa, y me alegro mucho de que así fuera, ya que no estaba demostrando “el compromiso necesario”. Con el pasar de los años me di cuenta que en realidad estaban premiando mi ineficiencia, ya que tomaba muchas más horas de las necesarias para hacer mi trabajo, lo sé porque pude hacer las mismas actividades pero en cinco horas menos de tiempo. Así que ¿Qué es lo que se premia? ¿Resultados o tiempo en la empresa?

Tocando el tema de la lambisconería, eso se refleja en dos puntos: las promociones y los recortes de personal. Para las promociones o procesos de desarrollo no siempre se toma al más eficiente o capaz, en la mayoría de las ocasiones se considera al que mejor le cae al jefe, producto de actitudes alabatorias de la salamandra en cuestión.

Para los recortes de personal, tampoco se toma en cuenta la capacidad o resultados de las personas, ya que muchos ineficientes son protegidos del jefe, así que si hay alguien que no le agrada al mismo, es candidato automático a ser despedido, aunque su desempeño sea de los mejores.

Tuve una amiga a la cual le pasó eso, ella era la mejor de su mediocre grupo; por esa misma mediocridad no se relacionaba mucho con sus compañeros. A pesar de ser la mejor, su jefa la despidió a la primera oportunidad, argumentando que “no hacía equipo”. Y admito que ése es un argumento muy válido pero, en realidad, como buenas mujeres territoriales, a la jefa no le agradó el protagonismo de mi amiga.

            Vida a cambio de dinero.

Tengo mucha capacidad, en la oficina podría comerme a todos mis compañeros con una mano en la cintura, pero no quiero. Y no lo deseo porque no voy a pagar el precio de sacrificar mi vida, mis actividades y mi tiempo libre. Sé que muchos lo hacen por dinero, otros me llamaran mediocre o conformista, pero (aunque no soy rico) no necesito más dinero. Estoy plenamente convencido que la prosperidad no radica en tener más posesiones, sino en necesitarlas menos.

            Percibo un salario más que suficiente para cubrir mis baratos placeres y darme un buen nivel de vida. Si un día llego a vivir con alguien más, TAL VEZ tenga que prostituir mis ideales en busca de más dinero, PERO si algún día encuentro a la mujer adecuada, seguramente no requerirá tanto mantenimiento material sino espiritual.

            La mayoría de la gente califica la mediocridad o conformismo de acuerdo al nivel socioeconómico, pero yo tengo otros proyectos, que no son necesariamente materiales o de status (en este puto mundo materialista sólo se piensa que lo único que vale la pena debe traer ganancias económicas). Tampoco los proyectos deben ser de índole laboral o familiar, por ejemplo mi proyecto más importante en este momento es este blog, el cual representa una opción de desahogo y expresión que nunca tuve, por lo mismo me emociona escribir estas líneas sin tapujos de cómo veo al podrido mundo.

            Nunca había sido consciente todo lo que tenía reprimido en mi ser, y este medio significa una válvula de escape vital para mi estabilidad emocional y espiritual. ESTO es más trascendente e importante que cualquier promoción laboral, me siento más realizado escribiendo esto que pasándome horas en la oficina, haciendo proyectos intrascendentes (por lo menos para mí) y malgastando mi preciosa vida a cambio de dinero en exceso.

            No necesito hacer méritos, gano lo suficiente, estoy en una buena posición en dónde soy reconocido sin tener las presiones de ser jefe. Pueden considerarme un mediocre, considerando la gran capacidad intelectual y laboral que tengo ¿Y qué? La vida no se mide en dinero, se mide por realización, por metas logradas, por trascendencia y por satisfacciones personales. Escribir me da eso plenamente, el trabajo justo, el cual realizo todos los días, sólo me lo da en dosis menores (y eso que amo el lugar en dónde trabajo).

            Tenemos un jefe extranjero que vino al país en contra de su voluntad. Él resistió todo lo que pudo, puso todas las trabas imaginables, los requisitos y pretextos más inverosímiles . . . . y se los cumplieron todos, así que tuvo que venir frustrado al tercer mundo, dejando atrás su vida perfecta en la tranquilidad del primer mundo.

            Ahora, siendo honestos, eso de que lo “obligaron” es bastante relativo, ya que siempre tenemos opción de negarnos a los círculos del poder, sólo que pocos se atreven a pagar el precio. ¿Por qué vino mi jefe? Las respuestas son variadas: para evitar ser tachado de mediocre o conformista, para que no se le dijera cobarde, para no “truncar” su crecimiento profesional o por más dinero.

            ¿Cuánto dinero vale la felicidad? No creo que lo que le paguen vaya a compensar la infelicidad de dejar su tierra (allá de por sí gozaba de un excelente nivel de vida). Si se hubiera rebelado, le hubiera significado un alto precio político o de status laboral ¿y qué? Para la edad que tiene percibía un sueldo más que oneroso para asegurarse una buena vida postlaboral, sus hijos ya son independientes, así que sólo se debía preocupar por él y su esposa (que también trabaja y se negó a renunciar a un gran empleo para venir con su hombre). ¿Para qué vino entonces? ¿Acaso nunca dejamos de tener miedo aunque tengamos una vida excelente?

Nepotismo

Voy a hablar de la situación actual de la empresa y no la de hace años que era muy descarada a comparación del presente. Como buena empresa de clase mundial, en mi trabajo se contratan personas por su capacidad y no sólo por ser familiares, amigos o compadres de alguien que ya labora dentro. Esa es la teoría, pero la realidad es otra.

Hace un par de años se abrieron nuevas plazas en mi entonces departamento, contrataron a 12 personas de las cuales, 8 eran recomendados de alguien. Un colega era el padre de una, el cual habló con los jefes para que “ayudaran” a su hija. Otra era la hermana menor de una persona importante de nuestra dirección, así que la jefa le preguntó “¿Tú qué relación tienes con Fulanita de tal?” a lo que la chica respondió “Soy su hermana” y con esa única pregunta terminó la entrevista. Otro era el hijo de un compadre de uno de los entrevistadores, el cual fue contratado a pesar de que en la entrevista le fue pésimo, y demás casos.

De hecho las cosas no terminaron ahí. Al momento de hacerles los exámenes médicos una de las chicas no recomendadas, fue rechazada de última hora, esto debido a que tenía un problema en la espalda. Esta deficiencia es una potencial incapacidad que la empresa no está dispuesta a pagar, lo cual sería motivo de una demanda por discriminación en un país avanzado, pero no en esta república banana. El problema no es que la hayan rechazado, sino que hubo otro de los elegidos que tenía el mismo problema en la espalda pero “casualmente” a éste no lo rechazaron ¿Casualidad?

En otro evento de reclutamiento, cada año se captan a recién egresados para que participen en un proceso en el cual se elige a un puñado de personas que van a ser desarrollados en la empresa (nuestros ejecutivos del futuro). Después de un arduo proceso quedaron los elegidos pero, otra vez obra de la casualidad, quedaron los familiares, hijos, amigos, ahijados, hermanos, etc. de diversas personas dentro de la empresa.

Aclaro, no estoy cuestionando la capacidad de los elegidos en estos dos casos ya que, la mayoría, han resultado buenos elementos. Lo que no me parece correcto es la deslealtad en los procesos de selección, en donde sólo un 30% de los puestos disponibles realmente están abiertos a competencia, ya que los restantes ya están asignados de antemano.

Para cerrar este punto, voy a admitir una falta mía en este tema. Dentro de la empresa tenemos la posibilidad de conocer las vacantes disponibles para cambiarnos de área, así que vas, aplicas y, si te eligen, te entrevista el jefe. Durante muchos años aplique a muchas para cambiarme de área pero nunca salía seleccionado. Con el tiempo me enteré que esa herramienta para ver las vacantes sólo era una trampa para guardar las apariencias, ya que a los jefes les llegaban otros candidatos que eran recomendados y de ahí seleccionaban a sus empleados.

Por lo mismo me rendí a cambiarme de área y me resigne a quedarme en la que estaba durante el resto de mi vida laboral, pero bien dice el dicho “Entre más buscas menos encuentras”. Un día una jefa me dijo que si quería pertenecer a su equipo, así que me hizo una entrevista y me quede en el mismo. ¿Aplique al sistema de vacantes internas? ¡Claro que no! Ni siquiera fui a al departamento de personal para que me hicieran una entrevista previa.

La verdad es que los mecanismos de selección de la empresa sirven para dos cosas: para cubrir las apariencias ante la matriz, la sociedad y dentro de la empresa, y también funciona a un nivel cuando no hay más recomendados que acomodar.

Premio a los huevones y castigo a los trabajadores

Definitivamente en mi área anterior se trabaja más que en la actual, aunque ambas funciones son importantes, lo que no logro identificar es que si una trabaja muy poco o la otra trabaja demasiado. Esto lo ejemplifico con la siguiente analogía:

Un huérfano, que ya vivió algunos años en la calle, es adoptado (utópicamente) por una familia con posibilidades económicas. Cuando el niño de la calle empieza a conocer los “problemas” de su nueva familia, entra en shock, ya que se preocupan por las reservaciones de su viaje a Europa, qué ropa y regalos comprar para la siguiente fiesta, qué video juego comprarle a sus hijos, o qué no deciden cual va a ser su siguiente auto.

Obviamente, para el niño de la calle, todo eso es ridículo, ya que sus problemas eran ver qué comía en ese día, a dónde iba a dormir, que no lo fuesen a golpear, violar o hasta asesinar. Para el niño callejero tener comida, ropa, una familia y una educación ya es vivir en el paraíso, entonces “¿Por qué se angustia esa gente pendeja? ¿Acaso están mal de la cabeza?”

Para el niño de la calle la vida de su nueva familia es muy fácil, aunque ellos se agobian por tener un chingo de problemas. La diferencia radica en el ambiente en el que cada parte “nació”, y eso es lo que pasa en mis trabajos (el actual y el anterior). Mis compañeros actuales “nacieron” laboralmente en este mundo fácil, por eso perciben sus problemas como algo trágico, mientras que para mí son auténticas bagatelas por las cuales no vale la pena despeinarse y que en un dos por tres se resuelven.

Estar en este mundo es como moverme a una velocidad normal mientras que el resto va en cámara lenta, ya que estoy acostumbrado al ritmo vertiginoso de mi anterior departamento. Por eso pienso con frecuencia “¿Y esto es lo que les quita el sueño?”

No es culpa del niño rico los sufrimientos del niño pobre, ni de mi departamento actual la desgracia de mi departamento anterior. La distribución del trabajo, la riqueza, la abundancia, la justicia y demás. Es un sistema que hemos perpetuado que permite la miseria del niño pobre y miles de millones más como él. El problema no lo ocasionó ninguna de mis dos áreas, ya que creo que es algo endémico de la humanidad.

Por ejemplo, mi departamento actual tiene una labor menos compleja, la cual le permite hacer política. Tal vez tenga logros pequeños, pero se los presentan al jefe como “Mire Jefe, hicimos esto (un logro pequeñito) y con ello hemos salvado las ventas de un trimestre (aunque no sea del todo cierto)”, así que el jefe está feliz por el excelente desempeño de mi área y hasta autoriza aumentos de sueldo y contrataciones adicionales para un “departamento tan importante”.

Por otro lado, mi departamento anterior se está sobando el lomo porque todo el tiempo está tratando con una labor ingrata y pesada, resolviendo innumerables broncas que se presentan constantemente, así que durante el día resuelven 20 de una magnitud impresionante pero, por desgracia, se les llega a escapar el #21, y ahí es donde el Director se pone como loco: “¿Por qué ustedes sólo me traen conflictos en lugar de soluciones?” Esto sin importarle que nos salvamos de otros 20 problemas graves que no ocasionaron ellos, sino que fueron de origen externo.

Así que mi departamento anterior sólo se lleva regaños y patadas y, al momento de los recortes de personal, son los que deben hacer malabares ya que, en lugar de que les den más recursos para aminorar sus problemas, hasta les quitan como forma de castigo.

La diferencia entre mi departamento anterior y el actual, es como pasar de escuela pública a escuela privada. En la de paga todo es bonito y, pareciera, todos son más civilizados, pero hay que cuidar más la apariencia y la política, pretender todo el tiempo ser perfecto para sobrevivir; cuando en la escuela pública las poses son menos vitales, y tienes que estarte cuidando el pellejo antes de que alguien te agarre de su puerquito y se aproveche de ti.

Todo radica en la política interna, mientras que en mi departamento actual tienen todo el tiempo del mundo para vender sus logros pequeños, en el anterior no hay tiempo de presentaciones, hay muchos problemas que resolver. Así que eso asegura que el ciclo continúe de manera indefinida, en donde unos son premiados por echar la hueva y otros son castigados por hacer un trabajo excepcional.

Así que mientras me aburro en mi departamento actual, en el anterior se matan a diario. No voy a negar que a veces me encantaría regresar, porque es más divertido ese sentimiento de “salvar al mundo” pero, a veces, me vuelvo cínico y me digo que mi departamento actual es el premio a tantos años de friega que me lleve antes.

Pero algo sí es un hecho, no voy a poder mantenerme mucho tiempo en el actual, porque mis valores y educación me impiden seguir recibiendo un dinero que no siento que me esté ganando. Obvio hablo por mí, porque el resto de mis compañeros están felices disfrutando de la vida con poco trabajo y buen trato.

Kamui Kingsbridge

1 comentario:

  1. Algunas personas no entienden, que hacer el trabajo en el horario indicado es posible, que no es necesario estar 16 horas diarias de lunes a sábado e inclusive 8 horas un domingo; Muchas personas creen que perseguir la remuneración económica percibida es el aliciente y el fin mismo, estarán ahí entrampados durante mucho tiempo sin ver que el tiempo corre y también pasa delante de nosotros...

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